Edición española | www.kieser-training.com
PDF


Pequeña pero efectiva: una buena descripción para la nueva “máquina” de Kieser Training. Lo que hace especial a nuestro novedoso medidor de fuerza es que no está diseñado para fortalecer los músculos, sino para medir su fuerza. Las pruebas se llevan a cabo en máquinas de entrenamiento normales y constan de tres ejercicios en los que se emplean grupos diferentes de músculos. La metodología, que incluye un proceso de análisis, ha sido diseñada específicamente para los clientes de Kieser Training por nuestro Departamento de Investigación.
Entre sus ventajas destacan: proporciona información detallada basada en la edad y el sexo, indica el nivel de fuerza real en distintas partes del cuerpo, identifica carencias actuales y compara su fuerza con la de otros clientes. Los monitores pueden emplear los resultados para establecer programas de entrenamiento más precisos y realizar un seguimiento de los objetivos. Las pruebas periódicas son particularmente útiles para clientes que realicen un entrenamiento de mantenimiento de baja intensidad, ya que garantizan que están entrenando a un nivel suficiente y que no se están arriesgando a perder los aumentos de fuerza que ya han obtenido. Recomendamos medir la fuerza cada seis meses.

Anika Stephan
Departamento de Investigación
de
Kieser Training
¿Sabía que el entrenamiento de fuerza juega un papel fundamental en la recuperación de una lesión? Incluso si solo puede entrenar con una pierna debido a que la otra está lesionada, activa los caminos motores de la otra pierna. Así, la pérdida de fuerza en el lado lesionado será menor de lo que hubiera sido de otra forma.
En cuanto le sea posible poner peso sobre la zona lesionada, comience entrenando cada pierna por separado. De esta forma podrá controlar la intensidad del entrenamiento y el alcance del movimiento. Cuando sea capaz de poner todo el peso en la zona lesionada, puede reanudar el entrenamiento habitual.
Además, el método “super-slow” puede resultar útil durante el proceso de rehabilitación. Con este método, el peso se reduce y el ejercicio se realiza muy lentamente, lo que mejora la calidad del ejercicio y disminuye la presión sobre la articulación. Asimismo, los clientes toleran el entrenamiento negativo sorprendentemente bien después de la lesión. En este caso, la pesa se levanta con ambas piernas, pero se baja solo con una. El entrenamiento de fuerza tras una lesión no solo constituye un remedio útil, sino que también puede ser beneficioso antes de la operación de una articulación. Mediante el entrenamiento de los músculos adyacentes, se sientan las bases de una rápida recuperación. A este respecto, recomendamos una sesión supervisada o una revisión médica en Kieser Training.
Digamos que quiere sostener una taza de té, tocar un teclado, completar un programa de entrenamiento o acabar un triatlón. Todo ello sería imposible sin los músculos. En todo momento dependemos de la contracción de los músculos. Cada vez que queremos movernos, el cerebro envía un impulso a través de las fibras nerviosas a “Cuádriceps S.A.”, que responde contrayéndose.
Todo esto sucede a la velocidad de la luz a través de mensajes que viajan desde el cerebro hasta los músculos aproximadamente a 100 metros por segundo. Estas señales eléctricas de las fibras nerviosas son transmitidas a las células musculares en la sinapsis neuromuscular, que es una hendidura minúscula situada entre el nervio y las células musculares. Aquí, las señales entran en contacto con los neurotransmisores, cuyo trabajo consiste en trasportar el mensaje a través de la hendidura. El neurotransmisor conocido como acetilcolina es liberado en el sistema nervioso y se fija al receptor de acetilcolina en el sistema muscular (en las “antenas” de los músculos, por así decirlo). Este proceso es el que desencadena la contracción requerida.
Sin este mecanismo, estaríamos completamente inmóviles. Por ejemplo, muchas flechas envenenadas inhiben estos receptores y provocan así una parálisis total debido a que la acetilcolina ya no es capaz de fijarse. Asimismo, existen enfermedades que pueden alterar esta transmisión decisiva de mensajes a través del cuerpo, con lo que se produce una pérdida de fuerza, coordinación y rendimiento. Por eso, los científicos que trabajan en la disfunción muscular también se concentran en esta pequeñísima hendidura.
Los investigadores del Instituto Leibniz de Investigación para la Edad en Jena y del Instituto de Tecnología de Karlsruhe han arrojado algo de luz sobre cómo funciona realmente este mecanismo. Han descubierto que las células musculares disponen de un ingenioso dispositivo de control de calidad que es el responsable de la estructura de los imprescindibles receptores de acetilcolina. Un proceso automático descarta los receptores defectuosos y solo intervienen los receptores válidos. Una proteína recién descubierta, denominada Rer1, es la encargada de realizar esta clasificación de proteínas. Algo que resulta especialmente interesante es que, hasta ahora, se suponía que la reducción de la fuerza y de la masa muscular se debía exclusivamente al proceso de envejecimiento. Sin embargo, sobre la base de recientes investigaciones, se puede considerar que una cantidad insuficiente de Rer1 en las células musculares podría ser un factor importante en la pérdida de fuerza que sufrimos a medida que envejecemos.

En forma a los 84 años: los clientes de Kieser Josefine Hardt y Eugen Stendebach en el centro de
Kieser Training de Wiesbaden
El personal del centro Kieser Training en Wiesbaden se refiere cariñosamente a Josefine Hardt como su mascota. Josefine tiene 84 años y lleva entrenando en Wiesbaden más de 10. Sus monitores la consideran una cliente especialmente trabajadora y disciplinada. No es sorprendente, ya que, como antigua profesora de primaria que también enseñó gimnasia, lleva el entrenamiento de fuerza en la sangre, y en sus predispuestos músculos. Esta pensionista, en increíble buena forma, siempre está dispuesta a añadir unos cuantos kilos a su pesa de entrenamiento. “A menudo, durante el entrenamiento, se acerca a mí o a uno de mis compañeros para contarnos la nueva marca personal que acaba de conseguir”, afirma el director Eugen Stendebach.
Hace poco, Josefine fue un paso más allá. Vio a un cliente mucho más joven haciendo un gran esfuerzo en la máquina de dominadas. Este cliente bajó el cuerpo durante 10 segundos, subió de nuevo los escalones y bajó el cuerpo otra vez. 10 segundos pueden parecer una eternidad. Estaba claro que lo estaba pasando mal porque resoplaba y jadeaba, sudaba y apretaba los dientes. Después de siete repeticiones se dio por vencido. Compasivamente, pero también con un rastro de malicia, Josefine se acercó a él y le dijo: “Ese ejercicio es bastante difícil, ¿no?” El hombre, unos 50 años más joven que la enérgica señora, la contempló con expresión de sufrimiento y gruñó: “Infinitamente, y no creo que a usted le venga bien”. Josefine respondió inmediatamente: “Es posible, pero aún así me gustaría intentarlo”. El hombre negó con la cabeza y replicó sin dudarlo: “Es mejor que no lo haga, es demasiado agotador para usted”.
Otro cliente que se encontraba en una máquina contigua sonrió ampliamente. Conocía a la anciana deportista, su irrefrenable ambición y su predilección por los ejercicios especialmente exigentes. Sin más preámbulos, Josefine se subió ágilmente a la torre, se sujetó perfectamente a las agarraderas, se elevó con elegancia y, a continuación, descendió lenta y cómodamente durante el espacio de 10 segundos. Después, para rematar la faena, ejecutó otras cinco dominadas impecables. “Probablemente sea la única mujer que hace dominadas en nuestro centro”, afirma Eugen Stendebach con una sonrisa. “Es algo que muy pocos hombres consiguen, especialmente a esa edad”.
Lo más seguro es que el “rival” de Josefine, el joven que todavía se encontraba agotado tras haber utilizado la máquina, estuviera pensando lo mismo. Estaba allí, absolutamente estupefacto, observando su actuación magistral con una mirada de asombro. Parecía incapaz de comprender lo que estaba sucediendo y, tras darse la vuelta en silencio, desapareció. ¿Y Josefine Hardt? Terminó tranquilamente sus dominadas sin abandonar su sonrisa. Después de todo, es su ejercicio favorito.
